miércoles, 28 de enero de 2009

Santa Clotilde de Lloret de Mar

Situado en un paisaje de gran belleza, sobre un acantilado con vistas impresionantes sobre el mar, se constuyó este maravilloso jardín , verdadera muestra del espíritu que impulsó el movimiento novecentista en Catalunya del que Eugeni d'Ors fue un portavoz brillante.

Los jardines de Santa Clotilde, diseñados a la manera de los antiguos jardines, suaves y al mismo tiempo austeros del Renacimiento italiano. Fueron realizados por el maestro Nicolau Rubió i Tudurí cuando tenía veintiocho años, cuando aún estaba en plena efervescencia la admiración por su maestro en el arte de la jardinería, Forestier.


Aquí, Rubió olvida la lección hispano-árabe confundida entre las imágenes del jardín francés que le enseña Forestier a través de la colaboración en los jardines de Montjuïc, y se desplaza hacia la recuperación del espíritu renacentista italiano, como esencia de la modernidad. Son los momentos en que florece una nueva burguesía, nostálgica del prestigio de que disfrutaban los mecenas durante el Renacimiento. En Santa Clotilde hubo una simbiosis entre el deseo del cliente (el Marqués de Roviralta) y el conocimiento del artista, una dialéctica viva entre ambos personajes que favoreció la creación de esta obra de arte. Gracias a su estado de conservación perfecto permanecen aún hoy aquellas simetrías, concentraciones visuales, disposiciones de fondo, propias del jardín italiano del Cinquecento y el Seicento.

De esta manera el jardín adquiere autonomía formal respecto al paisaje y aparece lo que será una de las constantes de la obra jardinera de Rubió: el entroncamiento del jardín con la naturaleza. A pesar de la autonomía total de las formas de este jardín, unos grùpos arbóreos, a veces cortinas de árboles, se fusionan con todo el paisaje que circunda el jardín, los ejes visuales fuertemente marcados, rigurosamente rectos, nos conducen hacia los distintos puntos de interés, al final de los cuales encontramos elementos ornamentales como estatuas o pequeñas fuentes, que intentan romper en cierto modo la uniformidad del trazado.


Terrazas que se superponen, caminos que se entrecruzan, rampas y escaleras que conforman el trazado del jardín. Todo ello amenizado por el rumor incesante del agua. Aguas quietas en el estanque del ninfas y agua a chorro en las múltiples fuentes y en los surtidores que forman una interminable galería de lluvia. Mar de fondo que envuelve el paisaje de un fuerte sabor salobre.

El jardín se nos aparece con mezclas de elementos extraídos de la Villa Medici, de la Villa Borghese o también quizás de los jardines Boboli. Florencia era la fuente de inspiración del momento. El espíritu del Romanticismo es latente en todo el jardín, expresado mediante el busto de mármol que aparece confundido entre la parra virgen, contemplando el mar y de espaldas al espectador. Otra parodia deliciosa de aquel sentimiento romántico de mezclarse con la naturaleza, más próximo a un Leopardi que a su maestro CD Friedrich. En estos jardines, que se empezaron a construir antes que la casa, destaca una colección de estatuas de mármol de estilo neoclásico y las Sirenas de la escultora Marià Llimona.

Josep Pla, en su libro "Guía de la Costa Brava" afirma con contundencia: la gran escalinata, flanqueada de sober los cipreses, encarada sobre la punta de Santa Cristina produce una impresión imborrable y es uno de los momentos más bellos de la costa.

No hay comentarios: