sábado, 6 de noviembre de 2010

Jardines mediterraneos, jardines sostenibles

No hay necesidad de sacrificar belleza para ahorrar recursos. Una de las pruebas de esta máxima más incontestables en paisajismo es el jardín mediterraneo.

La capacidad física del medio ambiente impone límites a las actividades humanas y esto implica empezar a pensar en una la reducción del consumo de recursos.

En el diseño de jardines, hace muchos años que somos conscientes de esta necesidad.

Los jardines formados por especies autóctonas o alóctonas (introducidas por el hombre desde otras zonas, pero de clima similar) son los que mejor se adaptan a este ahorro de recursos (menor riego, menor presencia de plagas y patógenos y menor mantenimiento).

Los elementos que conforman un jardín pueden replantearse y planificar de nuevo teniendo en cuenta las restricciones ambientales. De este proceso se llama naturalización.

Los espacios naturalizados son más acogedores y su grado de sostenibilidad es muy elevado, ya que se parte del principio que la naturaleza juegue a favor de su conservación.

La sostenibilidad contempla todo el ciclo de la jardinería: la plantación, el mantenimiento y, finalmente, el reciclaje de los residuos vegetales para hacer nuevos nutrientes para la tierra. Los espacios urbanos que se remodelan o los de nueva factura se pueden adecuar siempre a estos criterios de racionalidad.
Para poder disfrutar de unos espacios verdes públicos sostenibles, es importante que su ajardinamiento no se aleje demasiado del ecosistema donde están integrados.
Los jardines mediterraneos están formados por una exhuberante vegetación de hoja perenne, ya que las plantas de este clima no pueden permitirse el lujo de dejar caer las hojas en otoño, ya que no dispondrían de suficiente agua para rebrotar en la siguiente estación.

Son plantas de hoja pequeña, a menudo de textura cerosa o color grisaceo, adaptaciones todas ellas para evitar la pérdida de agua por evaporación.

Son plantas de floración primaveral, ya que el verano suele ser extremadamente seco. Por este motivo, no hay que regarlas en exceso en la época en que florecen, ya que esto puede provocar que la planta aproveche el exceso de agua para crecer vegetativamente (tallos, hojas y raíces) y no florezca. Esto sucede con jazmines o bougainvilleas.

Entre las especies herbaceas y arbustivas más comunes de estos jardines encontramos aromáticas y medicinales como la lavanda (Lavandula angustifolia), el romero (Rosmarinus officinalis) o el tomillo (Thymus vulgare).

Los árboles más usuales en estos jardines son el olivo (Olea europaea), el ciprés (Cupressus sempervirens) o la encina (Quercus ilex), aunque hay abundantes especies, sobre todo de palmáceas.

Los jardines mediterraneos están muy ligados culturalmente a la zona geográfica que ocupan desde griegos y romanos, por lo que a parte de los elementos paisajísticos botánicos, encontramos otros elementos estéticos y culturales que los definen, como las vasijas de barro, las tinajas, las pérgolas de hierro y madera con jazmín o parra, los áridos decorativos como la arena compactada o los guijarros de río.

Los jardines mediterraneos son mucho más ricos y tienen mucha más diversidad de lo que suele pensar mucha gente, incluso entre los aficionados y profesionales de la jardinería.

Los jardines mediterraneos evocan el mar y la historia, huelen de maravilla, están llenos de insectos que podemos oir de día y de noche y de flores silvestres de todos los colores. Y son únicos en el mundo.La pregunta es: Si vivimos en la costa mediterranea por qué razón nos esforzamos a menudo en imitar paisajes centroeuropeos o nórdicos si podemos diseñar un jardín mucho más acogedor y adaptado al clima?