miércoles, 8 de junio de 2011

Nueva York se hace más verde

Los neoyorquinos coinciden: el mejor regalo que ha recibido su ciudad durante la última década se llama High Line (con permiso del carril bici), un parque sobre las vías elevadas ya abandonadas del tren. El 8 de junio ve la luz el segundo tramo. 
El primer tramo de este original parque elevado, que en total ocupará los 2.3 kilómetros de vías abandonadas por donde antaño circulaba un tren de mercancías, abrió sus puertas hace ahora dos años. Y el miércoles se abre la segunda fase de este espacio extraordinario con el que un grupo de vecinos desafió con éxito a los tiburones de la construcción inmobiliaria.
La parte más difícil ha sido conseguir los 153 millones de dólares que finalmente ha costado el parque.
Desde la inauguración del primer kilómetro el turismo se ha disparado y el mercado inmobiliario también vive días dorados.
 
La idea surgió en la década de los noventa, cuando el barrio de Chelsea comenzaba a renacer gracias a la llegada de múltiples galerías de arte que revitalizaron la zona oeste de Manhattan y contribuyeron a su positiva metamorfosis. 
 
Pero esas impertinentes vías de tren, que se elevaban a la altura de un tercer piso, se interponían entre los constructores y sus deseos de añadirle ladrillos al barrio, algo que también habían intentado hacer en la década anterior, pero un enamorado del ferrocarril les llevó a juicio y frenó sus planes. En los noventa, cuando se volvía a hablar de demoler las vías, un grupo de vecinos comenzó a rumiar una idea aparentemente imposible: reconvertirlas en un parque elevado para uso y disfrute de toda la ciudad. 
 
Crearon una fundación y tras muchas gestiones y presiones vecinales, en 2002 consiguieron que el ayuntamiento se comprometiera a apoyarles. Pero ahí comenzaba la parte más difícil, conseguir los 153 millones de dólares que finalmente ha costado el parque.
 
Fue clave el apoyo que recibieron del alcalde Michael Bloomberg, el multimillonario que incluso donó de su bolsillo algún que otro millón para atraer financiación privada. Claro que por algo es uno de los veinte hombres más ricos del país: Bloomberg vio enseguida que el parque sería una fuente de ingresos para la zona y no dudó en que fuera el ayuntamiento el que aportara más de la mitad de la financiación. 
 
No se equivocaba: desde la inauguración del primer kilómetro el turismo se ha disparado y, curiosamente, el mercado inmobiliario también vive días dorados precisamente por la atractiva presencia de esta insólita zona verde. Actualmente hay una treintena de proyectos en construcción o recién terminados en los alrededores, muchos con nombre de arquitecto estrella, incluida una segunda sede para el Whitney Museum que firmará Renzo Piano. El museo tenía planeada una ampliación en otro barrio de la ciudad pero visto el éxito del parque decidió mudarse a sus pies.
 
Diseñado por los arquitectos Diller Scofidio+Renfro y por la firma James Corner Field Operation, el atractivo del High Line reside, más allá de sus extraordinarias y a la vez extrañas perspectivas visuales, precisamente en lo inteligente de su diseño. 
 
Mientras las vías estuvieron abandonadas sobre ellas crecían todo tipo de plantas salvajes así que los arquitectos decidieron respetar y emular los caprichos de la naturaleza plantando más de 200 especies, no necesariamente selectas si no más bien a prueba de asfalto. Muchas de ellas crecen precisamente entre las piedras o los raíles, arañándole espacio a la intervención humana de forma natural. 
 
Hay tumbonas para disfrutar de las vistas del cercano río Hudson, sombras bajo los cimientos del hotel Standard, un auditorio con vistas a la décima avenida, por donde pasan raudos los coches, convirtiéndose involuntariamente en extras de la extraordinaria película neoyorquina que se ve desde los asientos de este genial espacio donde también se ha celebrado algún que otro espectáculo.
 
En el segundo tramo del parque, más angosto que el primero, habrá además un césped sobre el que tumbarse, una abundante presencia de árboles y diferentes plataformas elevadas que darán nueva perspectiva al espacio. 
 
El parque conectará desde ahora la calle Gansevoort, al sur de la calle 14 con la calle 30, donde además se ha creado una zona, The Lot, por donde rotarán diferentes camiones de comida y bebida, se organizarán exposiciones y habrá actividades continuas todo el verano. 
 
Todo para disfrute del ciudadano, convirtiendo así una ciudad teóricamente agresiva como Nueva York en un espacio en la práctica cada vez más amigable para el ser humano.
FUENTE: El País, BÁRBARA CELIS - Nueva York - 06/06/2011
























3 comentarios:

Francisco | NY dijo...

No tenia NI IDEA de ésto, pero se ve super genial. Es el reciclaje en su expresión máxima!

jardinitis dijo...

Sí, es una muy buena idea..

Anónimo dijo...

a mi me parece bueno que incorporen el verde pero hay que cuidarlo y la verdad que un árbol encima de una construcción echa raíces y adiós construcción....tiene que tener atención y mantenimiento permanentes...